Viaje a Venecia

Todo viajero tiene una némesis y la mía es Venecia. Pero cuando en julio de 2012, unos amigos de esa época nos plantearon ir a visitarla, fuimos.

Conocía algo de la ciudad. Había leído La muerte en Venecia de Tomas Mann y había visto alguna que otra película ambientada también en Venecia. Así que consideré una buena idea ir a verla con mis propios ojos.

Durante los siglos XV y XVI tenía una enorme influencia en Europa debido a su enorme poder amasado por su tradicional comercio de productos de alto valor. Era el Londres de la época. Incluso había maniobrado para que el Papa convenciera a Carlos I para que España diera su apoyo y entrara en guerra contra el imperio Otomano en la conocida guerra de Lepanto. Unos siglos más tarde, durante los años cincuenta se disputaba con Paris el calificativo de ciudad del amor e invirtió lo que no se sabe para que los mejores cineastas de la época rodaran en ella. Pero aquélla que una vez fue, ya no lo era.

¿Dónde están los venecianos?

A Venecia se llega en tren. Puedes ir en barco, puedes ir en bus, pero no vayas en coche.

Nosotros decidimos alojarnos a 20 km de Venecia y dejar el coche en un parking cerca ésta continuando el trayecto en tren. Por muy poco dinero estábamos allí. Era un día soleado y caluroso y la ciudad estaba rebosante de turistas de muchas nacionalidades y edades. Grupos muy heterogéneos y clases sociales. Venecia era una ciudad democratizada al turismo, o lo que es lo mismo: de turismo de masas. Debido al potente recurso del turismo, la ciudad se había hecho cada vez más y más cara, tanto que ya nadie vivía allí. La gran mayoría de los venecianos se habían desplazado fuera de la ciudad y los edificios sólo albergaban los ecos de una ciudad que pese a todo, estaba a rebosar. Todo allí eran restaurantes o puestos de souvenirs. Y, al igual que los turistas, todo el que trabajaba en al ciudad, también venía de fuera. Todo lo que se comía venía de fuera. Todo lo que se vendía venía de fuera. La ciudad no era más que un centro de producción de turismo de masas.

Puesto de ventas de máscaras
Puesto de ventas de máscaras

No tardé mucho en ver la ciudad como un gran centro de atracciones, radicado en una ciudad muerta en la que nada era ya lo que decía ser. Años más tarde oí que eso que le había ocurrido a la ciudad tenía nombre y ocurría en muchas ciudades que habían apostado por ese mismo principio de turismo: gentrificación por el turismo. Que es como una especie de hongo que hace subir los alquileres que expulsa a sus habitantes y comerciantes por aquellos que la explotan de una forma más eficiente.

Los edificios y monumentos históricos.

Una ciudad que no convive con la renovación es para mí un geriátrico edificado. La historia y belleza de estos mastodontes estaba eclipsada por un futuro incierto. La ciudad se hunde y los canales se estancan produciendo un olor pestilente.

Primer viaje a Hurghada

¿Por qué a Hurghada?

En febrero de 2010, y después de unos cuantos años con severos inviernos, descubrí el last minute con el todo incluido. Nunca me había planteado hasta entonces un viaje de este tipo en el que pagas una cantidad de dinero fija y tienes el vuelo, el transfer, el alojamiento, la comida y la bebida incluida. Sin necesidad de añadir nada más al paquete.

La razón por la que lo hice es porque, buscando un vuelo a España, me encontré que había paquetes de todo incluido en los que el precio era similar a comprar únicamente un vuelo. Era difícil de concebir pero los Touroperadores eran capaces de ofrecer por lo que costaba un vuelo: éste + transfer + alojamiento + comida y bebida. Tal era su poder de compra y gestión de vuelos charter.

De tal forma, como me encontraba pasando la parte álgida del invierno de 2010, me dirigí a comprobar si quizá hubiera algún destino al que se pudiera ir que me ofreciera calor. No buscaba otra cosa: encontré Hurghada. Reconozco que el lugar no lo había escuchado nunca, no sabía qué ofrecía ni si quiera qué requisitos eran necesarios para ir, ya que tenía planteado iniciar el viaje en un plazo no superior a dos semanas.

Le di a buscar y encontré que todo incluido con pensión completa en un hotel de 4 estrellas costaba 330 eur. Así que se lo comenté a un compañero de trabajo, el cual no tenía ningún plan en su vida, y me resultó fácil convencerlo para que se uniera a este viaje. Compramos el billete y nos llegaron todos los documentos necesarios para el viaje en pocos minutos. Estaba hecho.

El inicio del viaje

Salíamos un viernes ya con el pasaje de tren desde la ciudad donde vivíamos hasta el aeropuerto incluido en la documentación de viaje. No era necesario ningún trámite adicional nada más que los documentos y un pasaporte con una vigencia superior a seis meses. En el aeropuerto de destino, a la llegada, se gestionaba la visa que costaba 20 eur.

El vuelo salía a las 21:45 y llegaba al aeropuerto de Hurghada cerca de la media noche local.

Entrada principal del hotel
Hotel en Hurghada. Febrero 2010

Nada más llegar, nos recibieron muy organizadamente y nos reencaminaron hacia el mostrador donde se pagaba la visa de turista y te la ponían en el pasaporte en el momento. A la salida, recogíamos el equipaje y fuera solo teníamos que seguir las instrucciones de los agentes del touroperador, que nos dirigían hacia los distintos autobuses que nos transportaban hacia nuestros respectivos hoteles.

La temperatura nada más aterrizar sorprendía porque era muy cálida pero sin llegar a ser excesiva. Íbamos con roba de abrigo pero ya preparados para las temperaturas medias en esa época del año en esa latitud.

Llegamos al hotel y nos recibieron con una bebida y una comida fría. Nos explicaron las normas del hotel y nos pusieron la esperada pulserita que indicaba que éramos unos «afortunados del todo incluido». Nos dieron nuestra habitación y nos indicaron que no nos preocupáramos por nuestro equipaje, ya que nos lo habían hecho llegar ya a nuestro dormitorio.

Vistas del jardín principal del hotel de Hurghada
Vistas del jardín principal del hotel de Hurghada. Febrero 2010

Descansados y curiosos

A la mañana siguiente y con la sensación de que era tarde, nos levantamos e hicimos una inspección más detallada de nuestro dormitorio y la zona del hotel donde se encontraba.

Pasillo del hotel
Pasillo del hotel de Hurghada. Febrero 2010

Las cuatro estrellas del hotel, quizá se las habían asignado de una forma un tanto excesivamente generosa. El mantenimiento del hotel era deficiente, pero supongo que la calidad de la construcción requería de un mantenimiento también excesivamente caro y como habíamos pagado una cantidad ridícula de dinero, pues no nos planteamos nada distinto que asumir que había que adaptarse.

Salimos y nos dirigimos hacia uno de los 4 restaurantes donde se organizaban los desayunos, que se ofrecían de 7:00 a 10:30. En todos había bufete libre. Durante el trayecto analizamos cuál era el tipo de turista que reservaba sus vacaciones de la misma forma que habíamos hecho nosotros. Habían tres grupos diferenciados y nosotros.

El primer grupo: Los rusos

Éstos estaban constituidos en su mayor parte por una chica joven y atractiva y un hombre corpulento y… bueno… de aspecto bruto. En la mayoría de las veces no interactuaban entre ellos y solo se dedicaban a comer, beber y ponerse rojos por el sol. A veces había una mujer mayor con ellos, que solía ser la madre de ella y alguna vez el grupo estaba constituido únicamente por dos mujeres rusas jóvenes y/o una mujer mayor que era la madre de alguna de ellas.

No eran para nada conflictivos pese a que por las noches bebían mucho pero rara vez llegaban a disputas serias.

En las discotecas, las chicas bailaban por lo general solas y los hombres se mantenían a cierta distancia. Desde nuestro punto de vista, era una actividad de riesgo intentar acercarte a alguna chica sola bailando porque no sabíamos si alguno de los hombres que, a cierta distancia, observaban la pista de baile, era el partenaiere de alguna de ellas. Aunque en algún pequeño intento de aproximación para «tantear el terreno», ellas mismas se mostraban tajantemente en contra de cualquier acercamiento y te soltaban un rotundo: niet.

El segundo grupo: Familias con hijos

Creo que en el 90% de los casos se trataban de familias que, de la misma forma que nosotros, buscaban escapar al invierno aunque haya sido por una semana.

Lo peculiar de este grupo era que hablaban poco entre sus miembros. Como si se comunicaran telepáticamente, vamos. Desayunaban juntos, iban a la playa juntos, cenaban juntos, pasaban todo el tiempo juntos y también, al igual que el grupo anterior, interactuaban poco entre los distintos grupos de su clase.

Había un pequeño porcentaje de familias en los que sólo había un padre o una madre con los hijos, pero en lo que respecta a la descripción general, no variaba mucho: no interactuaban entre ellos, al menos mediante una conversación, o si la había, era imperceptible a nuestros oídos.

Este grupo me pareció muy peculiar porque, quizá a riesgo de equivocarme, parecía que sus miembros no disfrutaran de esta experiencia, dado que desde mi posición yo lo percibía más como una actividad obligada en la que ningún miembro de buena gana mostraba entusiasmo por nada. Además de que, de igual forma que el grupo de los rusos, incluso habiendo miembros jóvenes entre distintos grupos, no interactuaban entre ellos. Muy raro todo.

El tercer grupo: mujeres de edad madura solas

Este grupo estaba compuesto predominantemente por mujeres mayores entre los 50 y 60, que o bien iban solas o acompañadas de una amiga de su edad.

Claramente habían ido a Hurghada, además de a buscar el sol con el que tostaban su piel, también los cuidados y miramientos de los camareros locales del resort.

Era muy llamativo cómo se dejaban querer y cómo ellos las cuidaban y ciertamente, a estas mujeres les importaba un bledo la imagen que pudieran proyectar. Iban a disfrutar de un desmelene.

Bar cerca de la playa
Bar cerca de la playa. Febrero 2010

Cuando éstas desaparecían y los camareros tenían que permanecer en su puesto hasta finalizar su horario, observaba como la actitud amistosa de los camareros se transformaba en muecas soeces.

Nosotros

Éramos la minoría: gente joven, sin pareja, que sólo buscaban escapar de los rigores del invierno. Pero de igual forma que los otros grupos, tampoco interactuamos con el resto.

Nosotros observábamos, íbamos a la playa, comíamos en todos los restaurantes y bebíamos poco porque solo habían bebidas locales en el repertorio de bebidas incluido y eran de muy baja calidad. Al menos provocaban un dolor de cabeza muy serio.

Gatos
Gatos tumbados a la sombra a la espera de los turistas. Febrero 2010

Del aburrimiento a la inmersión

Después del tercer día ya habíamos probado todos los restaurantes. También tuve un conato de diarrea del que no supe qué la había provocado pero que no se me pasó hasta que no llegué a Europa. Así que viendo que estaba ocioso y que ya me conocía bien la playa, comencé a aburrirme. Así que cuando una de las veces en las que uno de los trabajadores del resort me preguntó si quería bucear (básicamente insistía todos los días y cuando, para no decirle que no, le decía que se pasara a las dos horas después de la playa y el hombre lo hacía, pues finalmente accedí a prestarle atención), pues finalmente consideré que aprovechando que unos meses antes me había sacado el certificado de Open Water de PADI en Malta, sería una buena idea ir a bucear al Mar Rojo.

En el bote para bucear
En el bote para ir a Bucear. Febrero 2010

Bucear en el Mar Rojo es un pasada: es muy barato, el servicio es muy bueno y profesional y el entorno es espectacular.

Recuerdo que pagué 50 euros por dos inmersiones con barco y comida incluido. Nunca he vuelto a pagar tan poco. Tanto el equipo de buceo como el barco estaban en buenas condiciones.

La buena experiencia de buceo fue la razón por la que repetí este concepto de vacaciones en años posteriores.

¿Cómo es Hurghada?

Hurghada es un desierto que llega hasta el mar. Su aeropuerto solo trae y lleva turistas y parece que el turismo es su única actividad. O vives del turismo o comes arena.

Hurghada se creó por y para el turismo europeo que buscaba buen precio y buen clima. Los hoteles tienen playa privada y accesos con vigilantes armados. Me atrevo a decir que lo único que dejan estos resorts en la ciudad son puestos de trabajo pagados de aquella manera.

Si te vas a un resort de este tipo, es difícil interactuar con nadie que no sea de dentro de ese resort y por la razón que sea, la amabilidad de sus trabajadores está en función de la propina que dejes. Cada uno de ellos se acercarán y tantearan al turista o grupo de turistas al que agasajarán durante su estancia y si el turista comete el error no de dejar la propina suficiente, el trabajador se cansará rápido y su amabilidad se transformara rápidamente en desidia.

Monedas de Egipto
Monedas de Egipto. Febrero 2010. Se parecen mucho a la moneda de 2 euros.

Los más jóvenes, llegan a ser maleducados si el turista no da una contraprestación constante por su atención. Esto es así, porque pare ellos es absolutamente importante casarse, formar una familia y tener hijos, pero es necesario tener dinero para poder hacerlo. Como el turismo es su casi única manera de conseguirlo, se esfuerzan en conseguirlo llegando a ser muy pesados.

Estas son las reglas del juego y si no las aceptas no vayas porque quizá te lleves una impresión desagradable que no te dejará buen recuerdo y te provocará estrés innecesario.

En el hotel puedes y debes dejar tus objetos de valor bajo custodia en una caja fuerte en la recepción, que puedes recuperar en todo momento que lo desees. Tienen un servicio de cajero y cambio donde puedes sacar o cambiar dinero. El dinero egipcio no está permitido sacarlo del país y es sancionable. Por lo cual, aquello que saques, será íntegramente para gastarlo.

Billetes de Egipto
Billetes de Egipto. Febrero 2010

Consejos para el regateo

Habrás oído que a los árabes les gusta regatear cuando compran y venden algo. Esto está cada vez más generalizado independientemente del país que estés visitando. Cuanto más pobre sea el país, mayor presión a la negociación habrá en cada transacción.

En el hotel, pero también fuera habían prosperado uns bazares ad hoc para los turistas atrevidos que quisieran salir del hotel o que necesariamente tenían que salir para acceder a la playa porque su hotel no tenía la suerte de haber sido construido con acceso directo a la playa, que los había.

Cuando vayas a comprar algo (nosotros compramos una pipa de agua), siempre haz oídos sordos a lo que te digan. Los vendedores han aprendido algunas palabras en distintos idiomas y las dirán cuando te vean acercarte a su puesto esperando a que reacciones a alguna. De esta forma determinarán de donde vienes y tu nivel de renta. Lo siguiente: te enseñará aquello que cree que los turistas buscan (muchas de las cosas que venden se fabrican en china, ellos también las importan de allí), te ofrecerá té y será muy amable. Eres parte de su escaparate y el resto de turistas tendrán menos aprensión a meterse en su tienda, si ven a un europeo dentro. Además de que cuánto más tiempo pases en su tienda, mayor probabilidad hay de que compres algo y pagues más. Déjate seducir si te parece, pero mantén esto claro: El precio de aquello que venden es lo mismo de lo que te puede costar en tu tienda de todo a cien en Europa, el resto será su margen.

Cuando te hayan mostrado algo por lo que muestres cierto interés te dirán que cuesta un precio desorbitado que tiene como objetivo romper tu esquema de precio por el que querías empezar a negociar e influir también en tu perspectiva del valor de aquello que quieres comprar. Nos pedían 70 eur por nuestra pipa de agua. Regateando conseguimos comprarla por 10 eur y cuando llegamos a casa vimos que la calidad era ciertamente deficiente y que en el chino de la esquina vendían la misma por 5 euros. Así que ya sabes. Cómo turista, da igual lo que compres y de donde venga el producto, estás expuesto al sobrecoste.

La buena vida se acaba y vuelta al invierno

El último día decidimos tratar muy bien a los empleados y dábamos generosas propinas con el dinero sobrante que habíamos cambiado al inicio y no nos había dado tiempo a gastar.

La actitud de los empleados, que tras pocos días había sido muy negativa hacia nosotros, por nuestra poca costumbre de pagar propinas por todo, mejoró considerablemente. Nos atendían a tiempo y el trato era mucho más amable. Probamos el mejor té de menta de mi vida.

Ya habíamos cambiado el chip en modo fin de escapada y quizá por primera vez en esa semana, ya estábamos mucho más relajados. Veníamos más morenos y mi diarrea se había estabilizado, por lo que el viaje de vuelta se esperaba tranquilo.

Último atardecer en el hotel de Hurghada
Último atardecer de nuestra estancia en Hurghada. Febrero 2010

¿Tú qué piensas, te atreves a hacer un viaje de este tipo sólo para escapar del frío por una semana?

Viaje a Bosnia

En Abril de 2012 fuimos a Bosnia en coche, creo recordar que durante un puente de semana santa.

Como íbamos en ruta, antes de llegar a al país, hicimos noche en Zagreb en un hostel del que sólo pedíamos que nos recibieran a la hora que teníamos previsto llegar, que era entorno a la 1:00 de la madrugada y que las camas estuvieran limpias.

Fueron muy correctos y cumplieron con todo lo que habíamos solicitado. El hostal era modesto, pero así lo habíamos pedido y además recuerdo que ofrecían el desayuno incluido en la reserva y que se servía en un restaurante asociado al otro lado de la calle. No tuvimos problemas para comunicarnos en inglés y además nos ofrecieron dejar el coche en un garaje que tenían en el mismo edificio sin coste adicional.

Pero nuestro viaje esta vez no tenía como objetivo Croacia sino Bosnia, que era una parte de la antigua Yugoslavia con una mayor concentración de musulmanes y que quizá, por el hecho de haber intentado una unión, junto al resto de repúblicas balcánicas, encorsetada bajo dominio serbio, saltó por los aires en los años noventa con el estallido de la guerra de los balcanes, que continuaron con posteriores escisiones y focos bélicos que siguieron. Una región que durante años había estado abonada con pólvora.

En fin, como no es tiempo de historia, prosigo con mi relato del viaje a Bosnia. En el país no hacía falta cambiar dinero ya que aceptaban el euro como moneda de curso legal y en cualquier parte podías pagar con ellos (incluido con monedas), daba igual la cantidad que hubieras consumido: podías echar gasolina y pagar en euros o pagar en cualquier restaurante de igual forma. Eso sí, todo ello siempre que fuera en efectivo. El coste de utilizar el euro era que redondeaban el tipo de cambio a una cierta paridad con su moneda que hacía todo algo más caro. Pero sin excederse.

Sarajevo

Nuestra primera parada en Bosnia fue en Sarajevo. La ciudad ha vivido en primera línea muchos de los episodios más sangrientos del siglo XX.

Café en Sarajevo
Café en Sarajevo. Abril 2012

El Miljacka fluye serpenteando por la ciudad, pero no la divide, ya que a ambas orillas se respira oriente, que es una peculiaridad de Bosnia. Es como si Turquía se hubiera trasladado a Europa con una fuerza cultural impresionante. La ciudad está rodeada de montañas y el extrarradio es muy campestre.

Catarata cerca de Sarajevo
Catarata cerca de Sarajevo. Abril 2012

A mí la ciudad me transmitía tranquilidad y pese a estar presente todavía el olor de la locura, la ciudad se regocijaba con los cafés, las conversaciones espontáneas y también, cómo no, con esos espectadores ajenos a todo lo ocurrido, entre los que nosotros nos encontrábamos. Es cierto, y te reconozco, que no sabía qué me iba a encontrar en la ciudad y aparcamos con cierto miedo infundado nuestro Suzuki Baleno en plena calle y claro que no pasó nada.

La plaza donde conseguimos estacionar, no estaba lejos de nuestro apartamento, por lo que prácticamente no se movió hasta nuestra salida de la ciudad.

Pasamos dos noches en Sarajevo. Las dos en el mismo apartamento, que era la buhardilla de un edificio, muy amplia y reformada para transmitir al ocupante una sensación de comodidad muy valorada y reconfortante. El precio era en esta época del año muy barato: en torno a 15 euros por persona y noche y como lo reservamos con antelación, lo habíamos organizado en el centro de la ciudad. Si quieres visitar una ciudad, siempre quédate en el centro de ésta.

Mostar

Al comenzar el tercer día de viaje, continuamos nuestro periplo hacia Mostar. La carretera era muy correcta. Estaba en perfecto estado y había bares y restaurantes de carretera (los llaman bistro) en los que podías parar y tomar algo rápido, pero pese a que te sirven siempre que llegues, si llegas fuera del horario de comidas, es posible que la comida no esté tan fresca como si llegaras a las 12:00, que es la hora en la que comen. Es decir, si te plantas a las 15:00 a comer, te vas a comer las sobras. Que lo sepas.

Vistas del puente de Mostar.
Vistas del puente de Mostar. Reconstruído después de la guerra. Abril 2012

Mostar tiene dos partes: el casco antiguo y zona turística y el resto de la ciudad que es como cualquier ciudad donde sus habitantes, comen, viven, compran y duermen. Esta segunda parte de la ciudad es más al uso y menos monumental pero visítala también.

El elemento más característico de la ciudad es su puente, que fue destruido durante la guerra de los balcanes con objeto de separar y controlar los distintos grupos que habitaban la ciudad. El puente cruza el río Neretva y como curiosidad decirte que los jóvenes del pueblo durante el verano compiten en valor saltando desde el puente hacia el río. Es impresionante la altura que tiene el puente. Para poder saltar debes ser miembro de una asociación local y, claro está, para ser miembro debes cumplir ciertos requisitos de salud. Siento decepcionarte si pretendías aprovechar tu visita a Mostar para impresionar a alguien.

Cenar en el casco antiguo de Mostar te va a salir caro. Además, la picaresca desborda en estos sitios y si te ofrecen cualquier cosa que no hayas pedido, pregunta el precio porque seguramente por algún chupito de fabricación local te cobren lo mismo que por el resto de la cena. Si no quieres sorpresas, ya sabes lo que tienes que hacer. Pregunta cuánto cuesta todo antes de aceptarlo. No tengas vergüenza en hacerlo porque la intención al ofrecerte alguna cosa adicional es sacarte descaradamente el dinero y eso no lo hacen con los locales.

País de ríos, país de mar

Si te fijas en el mapa de Bosnia, hay una peculiaridad en su topografía y es que tiene salida al mar pero a costa de romper la unidad territorial de Croacia. Porque Croacia es Zagreb pero Croacia también es Dubrovnik. Esta cesión de 20 km de costa que permite que Bosnia tenga acceso al mar será suplida por parte de Croacia con la planificación de un puente que cruce a la península de Pelješak. Una decisión salomónica para unos y concesionista para otros. Pero que sepas que Bosnia tiene costa en el mar Adriático.

Gruta en Bosnia
En un lugar de Bosnia durante el camino de vuelta. Abril 2012

Bosnia tiene también muchos ríos y cascadas. En la imagen de arriba paramos para hacer un descanso durante el viaje de vuelta y tuvimos la suerte de encontrar este maravilloso lugar. Había un restaurante donde preparaban truchas frescas y muchas variedades de ensaladas.

Los bosnios tienen naturalmente influencia otomana: cultural y religiosa. Lo puedes ver en muchos lugares y en sus ciudades más prósperas puedes llegar incluso a tener la sensación que has salido de Europa.

Bosnia tiene mucho que ofrecer y me gustaría que presentándote mi experiencia, te pudiera interesar visitar este país. Te van a recibir encantados, son personas abiertas y salvo en las zonas turísticas dónde solo tienen interés monetario, vas a poder disfrutar de una estancia acogedora y segura.

¿Qué te parece? ¿Te gustaría visitarlo?