Quien anda mucho y lee mucho, ve mucho y sabe mucho

Voy a empezar por decirte que la vida es un viaje en el que conoces personas y lugares y que, debido a tus experiencias, emociones y sensaciones, tú vas cambiando con el tiempo, por tanto la vida es también una experiencia constante de autoconocimiento.

Cuando viajas estás necesariamente fuera de tu zona de confort y por consiguiente en un proceso instintivo de semi-alerta, por lo que observas más y debido a ello prestas más atención a detalles, que quizá, te habían pasado desapercibidos. Detalles de tu entorno y detalles tuyos propios.

La guía del autoestopista galáctico

Da igual cómo lo hagas pero te digo que las dos opciones de viajar van a ser: viajes diastráticos o diatópicos, es decir, viajar entre diferentes clases sociales (el primero) o entre diferentes lugares (el segundo), porque los viajes diacrónicos simplemente no están bajo tu control: tu paso por la vida está ahí y la entropía es la que es.

Cualquier agencia de viajes te podrá ofrecer un paquete de viajes a cualquier país o ciudad o incluso un crucero por los mares de nuestra Tierra. Algunas te ofrecerán viajes a lugares en los que en realidad estás viendo diferentes clases sociales, es así. Es interesante cuando observas, por ejemplo, en una zona donde pasan su tiempo distintas personas de un estrato social distinto al tuyo, cómo éstas reaccionan, cómo éstas se mueven, qué hacen, y por qué no, camuflarte entre ellos. Nunca juzgando, pero sí empapándome de todo lo que rodea a esa clase social. Ojo, cuando hago un viaje a este tipo de lugares no pretendo ser ellos pero sí intento pasar desapercibido como un «observador voyerista».

Por tanto no solo se puede hacer turismo entre lugares, sino también entre clases sociales. De hecho, seguro que esto último lo has hecho muchas veces inconscientemente: cuando vas a una discoteca o un restaurante caro o incluso un distrito representativo de una ciudad. Porque, reconócelo, a la mayoría de la gente le atrae más un estrato social superior al suyo aunque implique prejuzgar con cierta arrogancia todo lo que está por debajo de ellos. Es una pena, pero quizá consiga dirigirte hacia un punto de vista más neutral y le des una oportunidad al resto del espectro social al que también se puede viajar.

Un país en la mochila

Te recomiendo que seas un viajero y no un turista. Un viajero interactúa y se comporta como un autóctono. Come allí donde los locales comen, sale y se mueve allí donde éstos lo hacen, aprende nociones básicas de sus lenguas o formas de expresión. Ciertamente, conseguir esto podrá ser más o menos difícil o incluso una quimera, si por ejemplo, estás en un país en el que el color de tu piel te delata como ajeno a ellos, como un intruso, como alguien del que conseguir algo. Pero aún así inténtalo, porque aprenderás y conocerás más cosas. Descubrirás platos típicos, lugares asombrosos y personas increíbles. Te enriquecerás más.

Los más jóvenes, por presupuesto, han optado por opciones como Couchsourfing, que es una modalidad en el que alojas a alguien en tu casa por un espacio de tiempo determinado. Todo ello sin ánimo de lucro. A cambio de que alguien de esa asociación haga lo mismo contigo en algún momento que lo solicites. Cuando acoges a alguien, le muestras tu entorno, le hablas de tus costumbres: lo estás integrando y le permites acceder a tu cultura. Cuando te acogen a ti, pasa lo mismo en la otra dirección.

Me gustaría transmitirte la importancia de no ser un turista y presentarte el rol del viajero. Un turista va al zoo, un viajero va a la sábana. Un turista va a un resort en Hurghada (Egipto) donde come la comida de su país, está rodeado de gente de su país, habla en su propia lengua y luego dice que ha estado en Egipto. Olvídalo, has perdido el tiempo si haces esto.

Ya estás preparado para ver mi blog de viajes. Adelante. Disfrútalo.